A todos los que estamos en el mundillo nos atrae la traducción por una o mil razones, pero sabemos que a pesar de las satisfacciones que nos aporta, no es perfecta. Hay una frase que dice: «A menos que acepte mis defectos es seguro que dudaré de mis virtudes». Para entender la grandeza de la disciplina a la que dedicamos nuestros esfuerzos, debemos saber ver sus defectos y aunque nos guste, o quizás por eso, criticar muchas cosas que ocurren en el proceso traductológico o a su alrededor.

Yo por mi parte, si me lo permitís, voy a aprovechar por una vez mi odio en favor de la sociedad y no en su contra, como hasta ahora he venido haciendo :P, y voy a contar lo que menos me gusta de este mundillo. Comprenderéis que aquí hable solo del lado oscuro de cada tema, ya que comentaré lo que me gusta en otra entrada. Así, lo que menos me gusta es:
 

  1. Las búsquedas infructuosas: cuando nos encontramos ante un término o una expresión desconocida y no sabemos o no estamos seguros de lo que significa, es en esos momentos en los que se hace imprescindible una labor de investigación documental. Por desgracia, esta tarea no siempre da sus frutos de manera rápida y todos hemos acabado hasta el gorro de una expresión porque no lográbamos averiguar lo que significaba, si tenía un equivalente acuñado, si alguien notaría su ausencia tras un asesinato silente… En esos momentos hemos de armarnos de paciencia, algo clave que nos permitirá afrontar la tarea con la minuciosidad adecuada sin desesperarnos demasiado en el proceso.

     

  2. Las dudas: un informático sabe cuando ha hecho bien su trabajo; si un ordenador no funcionaba y ahora sí lo hace, su trabajo ha sido exitoso. Si un cocinero prueba su comida y ve que sabe bien, puede estar satisfecho con su trabajo. Un miembro de la SGAE ve que no te queda ni un céntimo en el bolsillo y se va a casa feliz. ¿Y un traductor? ¿Cómo tenemos la certeza de que hemos hecho un buen trabajo? Fácil, no la tenemos. Podemos intuirlo en función del mimo y del esfuerzo que le hayamos dedicado a nuestro trabajo, pero nada nos asegurará que esos esfuerzos han ido en la dirección correcta. Sí, hemos dedicado horas a la labor de investigación antes de elegir la mejor forma de transmitir el significado de una palabra que tenía ese matiz trascendental en el original, ¿pero de verdad era una opción correcta? Y si lo era, ¿era la mejor opción?

    El problema de los traductores es que generalmente nos movemos en una gran zona gris. No se trata de si una traducción es correcta o no (porque eso no es tan difícil saberlo), sino de si es una traducción excelente, de si hemos logrado la mejor forma de expresar el original en nuestra lengua de destino. Por ese motivo un perfeccionista sufrirá mucho traduciendo, porque lo primero que debemos asumir como traductores es que no lograremos la perfección, es por eso que la traducción es tan humana, pues al partir de nosotros peca de nuestro mismo defecto: la imperfección.

     

  3. La situación de las universidades: la mayoría de los que andamos por aquí pasando el rato somos o hemos sido estudiantes de la Licenciatura o del Grado de Traducción e Interpretación o de alguna carrera o máster afín. Sea como sea, casi todos hemos tenido la oportunidad de comprobar las miserias de nuestras universidades. Puede ser que nuestra universidad sea una de esas que no cuenta con las instalaciones adecuadas (cabinas, ordenadores, número de alumnos por clase…), los temarios de nuestras asignaturas parezcan elaborados por alguien que no ha traducido un texto en su vida o los profesores no tengan ni una mínima idea de cómo enseñar y motivar a los alumnos. Esa responsabilidad corresponde a la institución y sin duda falla en muchos casos, pero por desgracia también algunos alumnos parece que van allí a pasar el rato sin implicarse ni aprovechar las ventajas que la universidad les brinda. Aún recuerdo con tristeza ver a la mayoría de alumnos de mi universidad dejar morir una asociación de estudiantes de Traducción e Interpretación. Afortunadamente para todos, parece que ciertas actitudes están cambiando.

     

  4. Aquellos maravillosos textos: no siempre vamos a tener que traducir textos que nos resulten amenos, interesantes, prácticos o fáciles y hay que intentar sobrellevarlo. Está claro que unos textos nos agradan más que otros y seguro que recordamos con una sonrisilla ese escrito con el que disfrutamos especialmente. Son esos los que nos dan un respiro o una satisfacción especial porque el tema nos gusta, pero por desgracia son minoría. Y no solo eso, desafortunadamente, interés aparte, muchas veces nos presentan un texto que nos hace dudar de si el autor era un escritor o un boxeador de palabras (dejando sin sentido a una tras otra) Por eso a veces descifrar un texto es una aventura propia de Indiana Jones, si este fuese capaz de tener pegado su culo a una silla durante unas horas (propósito número 15 del año realizado: hablar sobre el culo de Indiana Jones). De todas formas que no os engañen, vosotros moláis más que Indiana Jones :) .

Dan ganas de hacer esto cuando te encuentras un texto así

  1. El coste prohibitivo de las licencias de Software: a veces pienso, otras simplemente lo confirmo, que los responsables de las grandes empresas desarrolladoras de los principales programas TAO o de las APIs de las herramientas para traducir (Google, tú antes molabas) nos imaginan a los traductores autónomos como unos señores vestidos con frac, capa y portando un monóculo mientras damos instrucciones a nuestro mayordomo de cuántas vírgenes vamos a sacrificar en la próxima fiesta del embajador. Y no saben que el embajador ya no nos invita a esas fiestas, con lo divertidas que eran… Por desgracia no es así y no creo que cobrar varios cientos de euros por una licencia a un traductor que empieza a ganar sus primeros euros, o tener que invertir las ganancias de más de un mes en UN simple programa sea lo más proporcionado. Y si a eso le sumamos que hay programas que no merecen ni un euro porque parecen programados por monos psicóticos, la situación es aún más decepcionante.
     

  2. Lo poco valorados que estamos o la incomprensión del traductor:
    —¡Oh Dios, hay un muerto en mi cocina!
    —Tranquilo, solo es un traductor.
    —Menos mal, creía que era grave. ¡Qué susto!
    —Lo habrá traído el perro, ya sabes que le encanta traer porquería. Anda, trae una bolsa de basura que esto solo sirve de abono…

    Sí, el anterior diálogo quizás sea algo exagerado, pero como toda buena narración cómica (no digo que la mía sea buena), parte de una realidad que se exagera al máximo. No hablamos de cualquier cosa, esta cuestión probablemente sea la base de nuestras frustraciones profesionales. La mayoría de la sociedad no nos valora en su justa medida, y de esa sociedad forman parten nuestros familiares, nuestros amigos y sobre todo nuestros clientes, que en muchas ocasiones nos consideran como trabajadores de segunda, porque al fin y al cabo, nuestro trabajo se supone que lo podría hacer cualquiera. ¿Y es que cuántas veces no habremos oído frases como estas?:
    ¿Y eso de ser traductor es una carrera? Mi sobrina fue a la EOI, le salió más barato, y le enseñaron lo mismo que a vosotros. Ella es mejor traductora y puede hacer cualquier cosa que vosotros hagáis.
    —Bueno, no del todo, de momento ya no podrá hablar nunca más con su tía dije mientras sacaba el arma de repetición que todo buen traductor ha de llevar en el bolsillo.
     

  3. Los caraduras: seguro que a todos nos viene a la mente alguna situación que puede ilustrar este punto. Clientes que no pagan, supuestas pruebas de traducción que en realidad son empleadas para que traduzcamos gratuitamente un texto, tarifas vergonzosas o incluso plataformas web que recurren a sus usuarios para traducir gratuitamente su información a pesar de ganar millones o miles de millones de dólares. No dejemos que esta gente se aproveche de nosotros.

     

  4. Las críticas: sería de necios creer que las críticas por sí mismas son algo negativo. Y es que estas nos ayudan a progresar y a mejorar. Saber ver nuestros errores y poder corregirlos a la vez que aprendemos es un verdadero lujo. Por eso, hay pocas cosas más peligrosas que una persona que dice que nunca nadie le ha enseñado nada que no supiera. Y es que sin corregir errores, no podremos conseguir experiencia que no deja de ser  la palabra que usamos para referirnos a nuestras meteduras de pata.
    Dicho esto, es bien cierto que no todas las críticas son tan positivas, muchas proceden de puntos de vista fruto del desconocimiento, del sentimiento de superioridad (lo que entronca con el punto 6), de las veleidades o incluso de la inquina de ciertas personas. Aprende de las primeras y no dejes que te destrocen las segundas.

     

     

  5. Las tareas de gestión y promoción: yo aquí venía a traducir… pero no me dejan. Si somos trabajadores autónomos como ocurrirá en la mayoría de los casos, tendremos que lidiar con una serie de tareas que no creo que sean el sueño dorado de nadie. Tener que tratar con la administración para mantener al día nuestras obligaciones legales y fiscales, promocionar nuestros servicios para tener algo (que no sea una píldora del suicidio) que echarnos a la boca o recordarle a un cliente que nosotros tenemos la burguesa costumbre de cobrar por los servicios prestados son algunas de las obligaciones que contraemos, queramos o no, al ingresar al mundillo como profesionales.
     
  1. La soledad del traductor: estamos solos, abandonados a nuestra suerte. Somos libres, probablemente más que la mayoría, nosotros decidimos cómo orientamos nuestra labor, a qué nos dedicamos, en qué centramos nuestros esfuerzos… Esto provoca que nuestra única defensa y consuelo solamos ser nosotros mismos. Además, nos enfrentamos generalmente de forma diaria a un dispositivo electrónico llamado ordenador que es nuestra única compañía. Es triste pero no tenemos a ningún colega al lado al que contarle nuestras alegrías o nuestros sinsabores. Por suerte está internet, ¿será consecuencia de eso esta lista?

     

  2. El amor de los traductores por los gatos: puede parecer un punto de relleno, pero en realidad lo son los anteriores porque este es el tema del que quería hablar, esto es lo que de verdad preocupa a la sociedad. Quiero acabar con esta injusticia ante un animal sobrevalorado como es el gato. Este blog nació con el secreto objetivo (entre otros) de promulgar el amor por los patos y defender las injusticias que se cometen contra ellos. ¡Ahora os tengo donde quería! Y es que está demostrado científicamente por unos señores muy majos y muy científicos que el pato es el mejor y más mono animal, y quien haya tenido o haya visto uno me comprenderá. Por eso, como presidente de ADPPSSAVIHDAE (Asociación defensora de los patos porque son superiores a vosotros, insignificantes humanos. Doblegaos ante ellos), reivindico su aparición en las presentaciones de traductores e incluso que se deje hablar a uno como ponente en algún sarao, útil quizás no sea, pero adorable un rato. Y recordad, amad a los patos, ¡es Cristo quien os lo ordena!

Ahora mandamos nosotros, el trono nos pertenece, digo… ¡cuac!

¿Y vosotros por qué estáis en lo cierto al pensar que el pato es el animal más fantástico del mundo? Recordad que la próxima semana hablaremos del pato al que elegiremos como candidato a la presidencia del gobierno.

¿Y a vosotros qué es lo que menos os gusta de la traducción?