Pasamos a la penúltima entrega de esta serie de entradas dedicadas a las Jornadas de transición al oficio de traductor e intérprete, que en esta ocasión dedicamos a la conferencia de Gary Smith, Traductor y Coordinador en Glokalize.

La mayoría de los traductores lo son por cuenta propia, así que Gary Smith, valiéndose de su experiencia, quiso centrarse en darnos unos consejos a la hora de tratar con clientes en su conferencia titulada «¿El cliente siempre tiene razón?». Para ello partió de cuatro temas centrales: la disponibilidad, las tarifas, el currículo y la visibilidad.

 

Disponibilidad

¿A qué nos referimos cuando hablamos de disponibilidad? Nuestro conferenciante se refiere a cómo responder ante el ofrecimiento de un proyecto. Lo que en principio es siempre una buena noticia, puede convertirse en un quebradero de cabeza futuro si no sabemos responder adecuadamente. No es un arte, pero sin duda tiene cierto mérito saber cómo aceptar un ofrecimiento sin parecer desesperado y cómo rechazarlo sin perder un cliente para siempre.

En primer lugar debemos saber que no tenemos que decir que sí a todo puesto que daríamos la sensación de estar desesperados para trabajar. Esa sería una muestra de debilidad que permitiría al cliente tratarnos peor que a otros que sepan negociar bien sus condiciones. Si decimos a todo que sí, nos convertiremos en ese tipo de trabajador al que recurren las agencias los viernes por la tarde (aunque como traductores noveles precisamente el mejor momento para introducirse en el mercado es cuando el resto de traductores están de vacaciones), algo que no suele ser conveniente. Muchos traductores, sobre todo los que están comenzando, cometen el mismo error: decir a todo que sí, y es que hay que saber decir que no. Si decimos que no el cliente pensará que tenemos otros clientes y que no siempre vamos a dejarlo todo por él. Por eso, incluso aunque decidamos aceptar un trabajo es mejor hacerlo con frases como: «Puedo encontrar tiempo para usted».

Si tenemos que decir que no porque no disponemos de tiempo, podemos sugerir la posibilidad de encontrarle otro traductor al cliente. En cualquier caso, no conviene pasar trabajos de agencias, solo los provenientes de clientes directos porque de no hacerlo así se reducen mucho las ganancias.

Es recomendable evaluar si queremos subcontratar o no, ya que:

  1. La revisión y organización también requieren tiempo
  2. Subcontratar a un traductor no adecuado significa más trabajo y menos dinero
  3. Tienes toda la responsabilidad del trabajo final

De la misma forma, también es aconsejable recordar cada cierto tiempo que seguimos disponibles para trabajar. Podemos aprovechar cuando recibimos un pago del cliente, al acabar un cursillo o un congreso, tras asuntos relacionados con impuestos, cambios de dirección electrónica… para mencionarle al cliente que estamos disponibles si nos necesita.

 

Tarifas

Se habla mucho de las tarifas, una de las cuestiones más planteadas en foros, congresos y debates varios. Gary Smith no quiso dejar de tratar este tema por el interés que suscita. Nos indicó que lo primero que hay que tener en cuenta es que una buena tarifa es aquella que te permite vivir y tener vacaciones. Una vez que partimos de ese punto básico hay que evaluar ciertas variables.

Textos diferentes, implican tarifas diferentes, además se suelen aplicar ciertos recargos por especialidad o por urgencia. Normalmente se suele establecer un descuento por volumen de trabajo, pero el conferenciante opina que no tiene mucho sentido. A la hora de decidir si aceptar un texto o no, conviene no tener miedo a los especializados. Es recomendable solicitar ver el texto y analizar el formato, el estilo de escritura, las repeticiones, si aparecen muchos nombres propios… Y es que lo que en un principio en nuestra imaginación era un texto especializado plagado de tecnicismos, podría resultar bastante más asequible de lo que temíamos.

Para evitarnos problemas es recomendable tener por escrito todo lo acordado con el cliente, especialmente si ha sido mediante conversación telefónica. Por eso también aconseja enviar un formulario al cliente que contenga preguntas como:

  • ¿Quién es el cliente final?
  • ¿Tiene su propio revisor? ¿Quién es?
  • Fecha/hora límite
  • Método de pago y términos
  • ¿Podré ver el texto final?

Además, cada cierto tiempo conviene revisar tarifas y subirlas si es necesario. El mejor momento para ello es con la llegada del nuevo año o después de las vacaciones. Esto también nos puede servir para eliminar clientes que no nos gusten. Por supuesto, si el cliente te gusta siempre puedes ser algo más permisivo.

 

Currículo

En el curriculum vitae es aconsejable mostrar los certificados pertinentes y señalar la experiencia en el sector, ajustando el currículo a cada cliente potencial. Por supuesto, también es recomendable mencionar las conferencias, talleres, congresos… a los que hayas asistido y las asociaciones de las que eres miembro. Como traductores una de las partes más importante de este documento serán nuestros idiomas y las especializaciones que han de mencionarse en un lugar preferente. Evidentemente, en el apartado de experiencia, es muy recomendable decir quién te recomienda, solicitando para ello recomendaciones a clientes y resaltando los más importantes. Todo lo anterior respetará una de las máximas de este tipo de documentos y es que el currículo ha de ser escueto, resaltando en negrita los puntos importantes.

 

Visibilidad antes, durante y después

Hazte notar siempre. No tengas miedo a hacer preguntas mientras realizas un proyecto, así el cliente se sentirá involucrado y comprobará que el trabajo es serio. Esto es especialmente importante en los proyectos largos, ya que cada cierto tiempo es conveniente hacerle saber al cliente que estás trabajando en ello y que todo va bien. Si tras terminar el proyecto surgiera cualquier problema grave achacable al cliente y si, tras haberlo intentado solucionar, el cliente te da largas, conviene ponerlo en conocimiento de otros traductores para que sean conscientes de estos hechos, pero eso sí, hay que evitar los insultos y exponer solo los hechos sin dar nuestra opinión. Aunque el cliente tenga la culpa tenemos que mantener siempre el respeto. Y es que si los hechos son lo suficientemente graves hablarán por si solos. Recuerda andar con pies de plomo, no hay una goma de borrar para eliminar lo ya dicho o hecho en internet.

Ya para concluir, estamos en condiciones de responder la pregunta del inicio: ¿El cliente siempre tiene razón? El cliente no siempre tiene razón pero sí derechos.

Nos vemos en la próxima y última entrega, ¡no faltéis!